Stefano Palatchi: Un divo poco convencional que viaja en bus

Es uno de los bajos líricos más prestigiosos del mundo... pero para ir a cantar al Liceo de Barcelona coge el autobús y el metro. Stefano Palatchi es un divo poco convencional... quizás porque es también alguien que ha llevado una vida poco convencional.

Entrevista: Gonzalo de Martorell. Fotos: Sheyla Butsems.

Todo simpatía y sencillez, Stefano Palatchi rompe desde el primer instante los arquetipos que generalmente rodean al mundo de la lírica. Fuera del escenario -en el que reconoce que el ego y la competitividad forman parte esencial del oficio- es un seductor nato y un conversador divertido que pasa en un instante de contarte una anécdota vivida en el Metropolitan de Nueva York a confesarte sus buenas manos en la cocina o sorprenderte con una parrafada en ladino, la antigua lengua sefardí. Como reconocido “gentleman” cuida con coquetería su imagen a la hora de posar ante el objetivo de nuestra fotógrafa, no sin antes lanzarle un elegante cumplido mientras sonríe con espontaneidad. ¡¡¡Este Palatchi se las sabe todas!!!

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Lo que más me ha sorprendido de tu biografía es que ¡¡fuiste legionario!!! ¿Cómo se pasa de cantar el “Novios de la Muerte” al “Turandot”?

Fueron años locos de juventud. Antes de alistarme estuve también en un kibbutz israelí y aunque no me interesaba especialmente el tema militar quería curtirme y crecer y la Legión me pareció una buena idea. Estuve dos años destinado en Melilla, en el Tercio Gran Capitán y debo decir que en ese sentido me fue bien; salí de allí hecho un hombre. Fue una experiencia positiva y enriquecedora. Aprendes disciplina, compañerismo... al volver de la Legión probé suerte en el mundo del cine pero me aburría y retomé las clases de canto que había abandonado unos años antes.

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¿Te hiciste cantante de ópera porque tenías esta voz o tienes esta voz porque quisiste ser cantante?

Primero tuve la voz, en este caso heredada de mi madre que también cantaba y tenía una voz bellísima. Fue ella la que me inculcó el sentimiento de cantar. En casa siempre escuché música y yo siempre cantaba pero tampoco le daba más importancia porque para mí era la cotidianidad. Lo que pasa es que con 14 años yo ya tenía voz de bajo operístico y mi madre llamó a Plácido Domingo para que me escuchara; de hecho empecé a estudiar canto porque me lo aconsejó pero me cansé y fue cuando tuve esas aventuras de juventud en Israel y en la Legión.

Como Rey en Aida en el Met

¿Cuál es tu ópera favorita para cantar? ¿Y para disfrutar desde la butaca?

Me gusta mucho cantar el Felipe II de “Don Carlo” porque es un papel con muchos matices, muy interesante y exigente. A los bajos siempre nos toca hacer de reyes, de patriarcas... nunca seducimos a la soprano. Como espectador mi ópera favorita es “Eugene Onegin”; Tchaikovski es mi compositor favorito y además siento una conexión personal con la música y la cultura rusa. Mi madre hablaba ruso, yo también me defiendo bien en ruso, mi hija se llama Tatiana... e incluso tengo un grupo de amigos músicos con los que me reúno de vez en cuando para cantar canciones rusas.

Y ahora sigues los pasos de otras estrellas líricas y das el salto a un género más ligero...

A estas alturas de mi carrera creo que ya no tengo nada que demostrar y me apetecía probar otros registros y pasármelo bien como “crooner” o como “jazzman”. Entré en contacto con la gente de la Duke Ellington Orchestra, me lo propusieron y me entusiasmé. Es un divertimento pero eso no quiere decir que no me lo haya tomado en serio y que no haya mucho trabajo detrás porque todo es muy diferente; las partituras, las técnicas vocales, usar micrófono... hasta la relación con los músicos es diferente y he tenido que aprender y adaptarme. Nunca he despreciado la música ligera. A mí me gusta toda la buena música. Como te decía antes en mi casa se ha escuchado siempre todo tipo de música. Incluso con el flamenco, que me encanta, me gustaría probar si hubiera ocasión y encontrara un proyecto en el que encajara una voz de bajo.

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¿Y esa búsqueda de nuevo público justifica también montajes polémicos y que rompen la tradición operística?

Personalmente me gusta mucho más trabajar con los libretos originales pero no tengo inconveniente en cantar montajes modernos siempre y cuando ayuden al cantante, que no lo obliguen a cantar no se... haciendo el pino. Mientras no perjudiquen a quien canta no me parece mal que entren directores de escena con ideas nuevas y que vengan del cine, el teatro comercial o de la televisión. El arte necesita siempre innovación y riesgo para evolucionar y gracias a eso la parte actoral de la ópera ha mejorado muchísimo las dos últimas décadas... aunque la escenografía clásica siempre tendrá su sitio.

Como Timur en San Fancisco Opera-®Pamela Dale

Los artistas soléis ser especialmente maniáticos. Va... confiesa las tuyas...

Procuro no exponerme a corrientes de aire ni aires acondicionados y dos días antes de cantar hablo lo menos posible pero más allá de eso no hago nada especial. Pero manía, manía... bueno, tengo una y reconozco que es un poco extraña: siempre antes de salir a cantar me tomo un café con leche con un cruasán. ¡En serio! Lo hice al debutar, me fue bien... y si va bien para qué cambiarlo, ¿no?. Café con leche, cruasán... y a cantar. Ya no lo hago pero también hubo una época en la que me dio por guardarme clavos torcidos de los escenarios... me pasaba los ensayos recogiendo clavos torcidos... iba con los bolsillos llenos... ¡incluso los de vestuario me abroncaban!

¿Y nunca se te ha olvidado una letra?

¡¡¡Un montón de veces!!! Me las apunto en los lugares más inverosímiles... en las lanzas, en las espadas, en el atrezzo del escenario... incluso he llegado a pegar la chuleta en la espalda de un figurante. Una vez me coloqué una chuletilla estupenda en un rincón del escenario pero olvidé que en la función no llevaría las gafas ¡así que no la veía! Curiosamente se me olvidan mucho más las letras de las canciones ligeras... y mira que es fácil... “Fly me to the moon”... y me aprendo óperas de tres horas en alemán pero ni por esas.

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