París en invierno; otra mirada…

Aznavour cantó su mes de mayo y Montand su cielo azul... pero París es siempre París. En invierno su belleza es otra, como más discreta, pero igualmente arrebatadora. Porque, en realidad, a la capital francesa cualquier estación le sienta bien...

Texto: Gonzalo Martorell. Fotos: Sheyla Butsems.

No importa cuántas veces hayas estado en París. Siempre te asombra, siempre te seduce y siempre te descubre algún rincón mágico.

Sí, lo admito: soy un enamorado de París... y por eso cada cierto tiempo necesito volver y comprobar que el caos de su tráfico no ha cambiado, la elegancia de sus grandes avenidas sigue intacta y las luces de su noche no han perdido el brillo.

Esta vez, sin embargo, estaba decidido a convertir en un placer no solamente el destino sino también el viaje. Sin estridencias; no me apetecían los cacheos, los retrasos, las colas y los niños llorones. Quería disfrutar de la experiencia de un tren de alta velocidad de largo recorrido mientras me sumergía en la lectura de un buen libro, me tomaba un buen café -o un buen vino, tampoco vamos a pecar de timoratos- y me amodorraba en el asiento viendo cambiar, a toda velocidad, desde mi ventana los paisajes.

Una escapada de fin de semana a la “Ciudad de la Luz” que quería aprovechar al máximo y hasta el último minuto. Por eso, en cuanto el TGV de Renfe/SNCF partió con puntualidad al minuto de la estación de Sants me dispuse a la aventura de redescubrir París en invierno.

Sabía dos cosas con toda certeza: que llegaría puntual a la Gare de Lyon... y que París no me decepcionaría.

Nunca lo hace.

Porque la aventura no está en el destino sino en el espíritu curioso del viajero.

 

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Siempre hace buen tiempo para la cultura

La ciudad del Sena sigue siendo el referente europeo del arte y cualquier visita a la ciudad debe incluir siempre sus museos. Personalmente, entre las muestras permanentes siempre me quedo con el “Musée d'Orsay” -62, Rue de Lille-. El cálido interior de la antigua estación de tren de la exposición universal de 1900 resulta acogedor y cálido e invita a caminar durante horas entre obras de Van Gogh, Cezanne, Renoir, Monet o Rodin. En cualquier caso es una muy buena idea informarse antes de viajar a París de las exposiciones temporales que, en esas fechas, acogerá la capital. Suelen ser tan interesantes como las permanentes... o más.

 

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Este invierno, por ejemplo, hay colas de 90 minutos ante las taquillas del “Museo National de Artes Decorativas” -107, rue de Rivoli- para disfrutar del evento “Christian Dior, modisto de ensueño” que acoge el centro. Los parisinos viven la moda con la misma intensidad que cualquier otra manifestación cultural y para los que son aficionados al mundo de la alta costura se trata de una oportunidad única, ya que esta muestra es la mayor y más completa que se ha realizado nunca sobre el genial diseñador francés. Nada más y nada menos que 300 creaciones del modisto cedidas por museos y colecciones privadas así como obras de arte firmadas por algunos de los más grandes del arte moderno del siglo XX y la presencia de trabajos de Yves Saint Laurent, Marc Bohan, Gianfranco Ferre, John Galiano o Raf Simmons. ¡Atención mitómanos! La exposición incluye una colección de vestidos lucidos por algunas de las mayores estrellas de la historia del cine en las galas de los Oscar...

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Ya es Navidad en Lafayette

En París, como en Nueva York, Barcelona o cualquier otra gran ciudad, son los reclamos comerciales de los grandes almacenes los que marcan el comienzo oficioso de las fiestas navideñas. En la capital de Francia esa llegada de la Navidad se visualiza cuando los escaparates del Boulevard Haussmann, en el distrito 9, comienzan a iluminarse y a decorarse para la ocasión. Y entre todos ellos, sin duda, no los hay más célebres que los de las “Galeries Lafayette”. Tengamos o no intención de comprar, si de verdad se quiere conocer la cara más “kitsch” de la Navidad en Paris es obligatorio entrar en el establecimiento y quedarse asombrado ante su gigantesca cúpula interior y sus galerías circulares. Más cercanas a un teatro de la ópera que a un centro comercial, todo en las Lafayette es estilo, exceso y barroquismo. No existe en Europa ninguna decoración navideña interior tan gigantesca y tan recargada. De todos modos, admito que las guirnaldas y los globos no fueron el único motivo de mi visita a las galerías sino su increíble terraza. El ascensor no llega hasta ella y suele pasar algo desapercibida para los no locales pero si el frío lo permite vale la pena subir y tomarse un vinito contemplando una de las mejores vistas de los tejados y cúpulas de París. Como los parisinos son peleones por naturaleza, hasta en esto de las vistas panorámicas tienen rivalidades; los hay que defienden que las vistas desde la terraza de los vecinos “Magasin Printemps” son mejores. Habrá que comprobarlo en la próxima visita...

Por cierto... pese a la oferta de marcas exclusivas y de su reputación, los precios en las tiendas de la Avenida Haussmann no son los más caros de París. Para precios hiperbólicos de verdad los de cualquiera de las “Boutiques” de Plaça Vendome...

 

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Sabores de los de verdad

En nuestra ruta parisina de invierno también escaparemos de los grandes restaurantes, los chefs multiestrellados y los locales céntricos consagrados al turismo para descubrir propuestas más tradicionales y más alejadas de los circuitos habituales. Imprescindible -en este sentido- pasear por las pequeñas calles adoquinadas del barrio de Montorgueil, el de Halles o el de Saint-Germain-des-Près... y perderse entre el olor de las “baguette”, la frescura de las ostras o la intensidad de las queserías. Es a Montorgueil, a sus pequeñas tiendas y restaurantes, donde los parisinos acuden a buscar sus sabores de verdad. Como en cualquier otro lugar donde se vende producto fresco los precios son de mercado pero la calidad es extraordinaria.

Es absolutamente imposible salir de allí sin algún “delicatessen” bajo el brazo.

Además de los puestos de comida, las pequeñas galerías comerciales cubiertas y dedicadas esencialmente a la decoración y la moda independiente nos descubren que estamos también en el barrio de la modernidad y los creadores alternativos; el equivalente a nuestro “Barri del Born”.

Es una parte de la ciudad que insiste desde hace años en mantener su propia manera de hacer las cosas, a pesar de las oleadas turísticas, y que siempre ha liderado los movimientos contraculturales. A los interesados en este tipo de manifestaciones les agradará saber que la iglesia de Saint Eustache -que durante siglos fue considerada la “Catedral Popular de París”- hoy es el único templo católico de Europa que exhibe un tríptico del artista y activista gay Keith Haring. Una maravilla en bronce y oro blanco llamada "La vie du Christ" que la fundación de John Lennon llevó a París y que emociona en su aparente sencillez...

De centro a centro.

París debe ser consumida a pequeñas dosis porque cada fuente, cada plaza, cada edificio tiene una historia y la ciudad es capaz de abrumarte con tanta información. Requiere una mirada alejada de los tópicos turísticos y de los estereotipos más allá de la Torre Éiffel, el Louvre, el Arco de Triunfo, la Plaçe de la Concorde o la cúpula dorada de Les Invalides.

En París, de una manera u otra, empezó la Europa que conocemos.

Y por eso, aunque soy barcelonés por los cuatro costados y me encanta mi ciudad, confieso que siempre que vuelvo de la gigantesca y cosmopolita capital francesa encuentro Barcelona más pequeñita y más provinciana.

Y también mucho más cercana, apenas a seis horas desde el andén de “largos recorridos” de la Estación de Sants...

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