El tiempo detenido en la biblioteca Arús

Casi no se la conoce, pero fue fundada en 1895 como biblioteca pública destinada a ilustrar a la clase trabajadora y ha llegado a nuestros días como centro especializado en historia social y cultura del siglo XIX e inicios del XX con unas colecciones más destacadas como son la masonería, el movimiento obrero, el anarquismo y Sherlock Holmes.

Texto: Marta Parreño.

Fotos: Sheyla Butsems.

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Tiene sus puertas siempre abiertas y a ella acuden mayormente investigadores, estudiantes universitarios y personas que se sienten atraídas por las actividades que se organizan o por el aura que emana el espacio, el secretismo que conserva un lugar en el que el tiempo se detuvo hace más de 100 años. Será, sobre todo, el respeto que impone un lugar que almacena páginas y páginas de sabiduría vital, cultural, revolucionaria, oculta.

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Rossend Arús era republicano, masón, federalista, escritor, periodista, amigo de la broma y del buen humor. Era un hombre adelantado a su época, un outsider, un amante hasta la médula de la cultura, de la educación y sobre todo, de los libros. Por eso, a su muerte dejó escrito su deseo de que el piso en el que había vivido fuera una biblioteca para el pueblo de Barcelona. Rossend Arús murió en 1891, la biblioteca que lleva su nombre se inauguró en 1895 gracias a sus albaceas, Valentí Almirall y Antoni Farnés, que se encargaron de organizarla. Hoy, 123 años después, esa biblioteca no sólo existe sino que sigue prácticamente intacta.

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Tesoro desconocido de la ciudad de Barcelona, situada en el número 26 del paseo de Sant Joan, la biblioteca Arús te recibe con una escalinata al final de la cual se erige una reproducción de la Estatua de la Libertad. “Transmite la idea de la ilustración iluminando el mundo”, afirma Maribel Giner. La directora de este espacio único habla suave y en voz baja, como si el no hacerlo pudiera perturbar todos los secretos que habitan las estanterías repletas. “Es símbolo de masonería, pero también de la forma de pensar de los fundadores, que veían en los Estados Unidos un país en el que reflejarse en cuanto al progreso, la tecnología, la república, estados federados, el pensamiento libre…”, añade. Nos lo explica en una sala del siglo XIX que en su momento fue domicilio particular de Arús, luego sala de música de la biblioteca y ahora un espacio que acumula libros, objetos, muebles y un retrato del fundador. Entre esos muebles hay dos armarios que fueron propiedad de Arús con sendas placas grabadas de su pensamiento: “Cuanta más ilustración tiene un pueblo, más lejos está del absolutismo” y “La palabra sagrada para todo hombre honrado es ‘avant’, entendido como “adelante” y como nombre de la logia que él mismo creó.

 

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Aunque su biblioteca particular era de 4.000 libros, Valentí Almirall adquirió 20.000 más en librerías de toda Europa, inaugurándose con 24.000 volúmenes. Y a fecha de enero de 2016 se contabilizaron 76.538 volúmenes, ordenados por tamaños, pues el espacio es oro y apenas sobra algún centímetro.

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Los 28 años que estuvo cerrada desde que entraron las tropas franquistas en la ciudad en 1939 –pues era una biblioteca con fama de “roja” y “masona”- hasta 1967, la convirtieron en un lugar seguro en el que cualquier tipo de publicación podía estar a salvo: “La biblioteca siempre será libre, no pudiendo excluir sistemáticamente ningún género de libros por motivos sociales, políticos o religiosos”, dicen los estatutos. Por eso se quedó anclada en el tiempo. Por eso no es una biblioteca pública normal. Por eso sus “anticuados” volúmenes tienen un valor extra en esta era de lo inmediato, de las cosas que duran poco. Por eso el aura de respeto, de secreto, de sabiduría, de luz, que apenas nadie conoce.

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Investigadores, escritores, documentalistas, estudiosos (y cada vez más curiosos) se regodean entre las cientos de miles de páginas marrones que pueblan las paredes, un lugar único para observar callado que también acoge conferencias, presentaciones de libros e incluso algún rodaje de cine y sesión fotográfica de los que han tenido la suerte de entrar y quedar atrapados.

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Más información en www.bpa.es

Paseo de Sant Joan, 26.

08010 Barcelona.

(+34) 93.256.59.50

Incunables y volúmenes singulares de interés bibliófilo:

 

  • Codice Iustiniani. Impreso por Peter Schöffer de Gernszheim, socio de Gutenberg (Magúncia, 1475).
  • Sermones, de Francesc de Mayronis, Impreso por Bernardinus de Rovaria (Venecia, 1491).
  • Homeri Poetarum Supremi Ilias. Impreso por Francisco Laurini (1497).
  • Argonautica, de Gai Valeri Flac. Impreso por Benedictum Hectoreum (Bolonya, 1498).
  • Plautinas Comoedias Emendationes et Enarrationes, de Plauto. Impreso por Simó Bivilaqua (Venecia, 1499).
  • El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Editado por Manuel Rivadeneyra (1863).
  • Egypte ancienne, de Champollion-Figeac. Impreso per Firmin Didot (París, 1843).
  • Odes, de Anacreonte. Traducidas del griego al catalán por Frederic Renyé i Viladot. Impreso per La Renaixensa (Barcelona, 1878).
  • Ilíada: poema en XXIV cantos, de Homero. Versión catalana de Conrad Roure. Estampa de Leopoldo Domenech (Barcelona, 1879).
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